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El poeta uruguayo Luis Bravo leyendo
en Zavala Muniz en el año 2009 |
Por: Mario
Pera
Luis Bravo es uno de
los más destacados poetas uruguayos de las últimas décadas. Desarrolla una
poesía muy vinculada a lo que él denomina «la puesta en voz», en un estilo que
le es propio y gracias al cual ha venido gestando su propia audiencia.
Su poesía ha sido
traducida a varios idiomas, y figura en diversas antologías
internacionales.
Habiendo integrado el
revulsivo grupo de jóvenes poetas de Ediciones de Uno en los ochenta, fue
luego editor de los libros del Semanario
Brecha, habiendo ejercido desde muy joven la crítica literaria en prensa
escrita y radial.
Como gestor cultural
fue coorganizador del Primer Festival de
Poesía Hispanoamericana de Montevideo (1993), del Festival Internacional «La poesía vale un
Perú» (2006), así como del Ciclo de Poesía & Performance «Esto pasa por
la voz» (2009).
Actualmente Bravo es
ensayista con varios premios otorgados por el Ministerio de Cultura de su país
en ese género, así como ha sido
designado investigador adjunto de la Academia Nacional de Letras, e investigador
asociado de la Biblioteca Nacional de su país. Es, a la vez, Profesor de Literatura Universal III en el Instituto
de Profesores «Artigas» (IPA) del Uruguay, y de Latinoamericana II en la Universidad de
Montevideo.
La obra literaria de
Bravo es una de las más representativas de la poesía contemporánea de Uruguay.
Complementa su poética, con una
propuesta escénica y sonora muy particular, relacionando a la poesía con otras
artes (música, danza, artes visuales) lo que dota a su lírica de una estética
especial.
En esta entrevista,
Luis Bravo nos permite acercarnos a su forma de trabajo, así como a diferentes
vivencias en tanto artista y poeta.
1. Luis, ¿cómo llegas a la poesía? ¿Fue la
lectura la que te atrajo, o tal vez algún suceso o circunstancia vital la que
generó en ti el deseo de expresarte por medio de la poesía?
Primero fue la música,
después la filosofía. En medio, fueron las ciencias y el cine. Esas fueron mis
primeras pasiones. Finalmente, me quedé con la poesía como síntesis: una forma
de la intensidad que atraviesa los lenguajes y lo metamorfosea
todo.
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| Luis Bravo en un collage |
2. ¿Por qué elegiste la poesía como principal
medio de expresión artística sobre otras artes (como la música o el teatro) y,
más aún, sobre otros géneros literarios como el cuento o la novela? Pese a que
también has publicado cuentos.
No creo haber elegido a
la poesía por sobre otras artes. De poder elegir hubiera preferido la música;
toqué guitarra en mi adolescencia, y hasta componía. Mis dos amigos más cercanos
resultaron ser dos músicos de excepción. Entonces, me di cuenta que no tenía ni
su habilidad ni su oído para la música. A la vez, escribir me nacía
naturalmente, pero no recuerdo haber elegido ser poeta. Lo fui sin darme cuenta.
Por eso me llevó años aprender a escribir; mi inclinación natural era la de
componer piezas musicales con palabras.
A lo largo de los años
logré «negociar», como se dice hoy, entre esas dos vías: decir y dejar que el
lenguaje dijera por sí mismo. (Lo de «negociar» lo uso porque es paradójico en
relación a la poesía cuya riqueza nunca es pecuniaria). Mi forma de hacer
poesía, incluida su «puesta en voz» (así denomino al arte de componer poesía,
que no es sólo para ser leída en la página) tiene mucho de «escena» vocal;
aunque cabe aclarar que lo que comanda en esa «voz», no es sólo lo que emite el
aparato fonador, sino la voz que el poema hace suya como palabra y como sonido
en consonancia con una energía que trasvasa lo meramente escrito.
El otro género que he
cultivado es el ensayo. Comencé siendo crítico de prensa escrita, y también
radial, pero la investigación me llevó a formas más desarrolladas de
especulación creativa, que es tal y como concibo hoy el ensayo literario.
Coincido con Oscar Wilde en que el ensayista es creativo; en ese campo si bien
estoy haciendo mis aportes, pienso que aún me falta liberar una mayor
subjetividad de la que hasta ahora he logrado. En ese sentido admiro, por
ejemplo, lo que logra el italiano Roberto Calasso, para mí un maestro del ensayo
en la actualidad.
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| El ensayista italiano Roberto Calasso y uno de sus ensayos, La folie Baudelaire |
Poesía y ensayo son los
dos géneros que más leo desde hace años. El cuento me encanta y, es verdad, lo
he frecuentado. Pero ¡hay tan buenos cuentistas en la literatura
latinoamericana!, que termino por claudicar ante mis insuficientes proyectos la
mayoría de las veces. La novela me hace sentir que pierdo tiempo, no me atrae.
He dejado cientos de novelas sin terminar de leer, les saco el jugo del lenguaje
hasta donde dan, y luego las dejo. Soy un vampiro de novelas y tengo a ese
género como menor en relación al cuento, el ensayo y la poesía, sobre todo en
estos tiempos de nefasto marketing novelesco.
En tal sentido, mi
interés y el del mercado editorial no coinciden. Aquellos narradores que son
grandes poetas sí me interesan, Kafka, Dostoievski, Proust, Cervantes, Joyce,
Guimaraes Rosa, para nombrar autores de varias lenguas a quienes siempre vuelvo.
Aparte, tengo un particular aprecio por los narradores satíricos, Laurence
Sterne, Diderot, Swift, Voltaire. Entre los filósofos Nieztsche y Deleuze me
resultan escritores que siempre me han inspirado.
3. Comenzaste a publicar en un periodo
socio-político complicado para tu país, en la década del fin de la dictadura
militar. ¿Cómo fue para ti ingresar al ambiente literario de tu país en esas
condiciones? ¿De algún modo, la poesía te sirvió para canalizar tu compromiso
con la libertad y la democracia? Mi primer poema se
publica en la revista Imágenes, en 1978; eso era en plena dictadura y no se veía
la luz al final del túnel. De hecho, faltarían seis largos y oscuros años más
para empezar a derretir el hierro de aquel régimen siniestro. Yo era un joven de
21 años experimentando con las formas de libertad psíquica que venía asimilando,
a mi manera, del surrealismo y de la psicodelia musical sesentista, a contramano de aquel contexto represivo. Ese
poema de 1978 lo escribí bajo el influjo de Paul Éluard, acaso el menos
surrealista de los surrealistas franceses, pero con cuya poética amorosa me
consustanciaba por entonces.
Lo que te puedo decir
es que me sentía más sólo que el uno en mi búsqueda; mis amigos eran músicos y
pintores y casi no tenía contacto con poetas. Nuestra generación estaba huérfana y aislada, esa era la situación.
Esto cambió cuando en 1983 me uní al grupo de poetas que se había nucleado un
año antes en torno a la revista Uno en la cultura. El hecho fue determinante en
la ampliación de mis lecturas, hasta ese momento de vanguardia pero sin
intercambio dialéctico con otros pares.
El «grupo Uno» marcó la
poesía de los años ochenta; para mí fue un aprendizaje y una praxis. Allí nos
propusimos aunar ese imperioso deseo de libertad desde formas poéticas
experimentales. Aunque éramos todos muy diferentes, nos unía ese trabajo en
conjunto y ese enemigo común que era la tiranía. En la interna del grupo las
discusiones estéticas y políticas, el salir a leer poesía en escenarios no
habituales (como son fábricas, sindicatos, facultades de estudiantes) nos templó
a llevar la poesía más allá del libro.
No obstante, nos
constituimos en una editorial «alternativa», esa era la expresión que se usaba
para lo que fuera autogestionario, o un poco diferente. Publicamos más de un
centenar de libros de poetas de diversas generaciones. Y en aquellos años de
plomo llegamos a tener una suscripción de unos 1000 lectores que mes a mes
recibían nuestros libros, plaquettes
y revistas. Hoy un tiraje de poesía apenas si llega a 500, y la mayoría de sus
ejemplares se terminan regalando. Si bien aquella coyuntura fue especial,
considero que este presente es hostil, por indiferencia o por ignorancia, para
con la poesía.
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| Ritual para 13 cuadros de lluvia (1988) por Luis Bravo |
4. Tu poesía se encuentra muy vinculada a la
ejecución de performances, ¿cómo se articula o engrana con tu poesía la acción
«performática»? ¿Cuánto aporta tus performances a la interpretación que el
público puede hacer de tu poesía?
Para mí la poesía no
está desligada de su «puesta en voz». Es cierto, escribo poesía pero esa
escritura no es para mí el fin último del arte poético. El proceso creativo se
reanuda en el arte de la puesta en voz. Ahí es cuando recién termina el proceso,
y me doy cuenta que no sólo escribo sino que compongo poemas. La poesía tiene
siglos de «puesta en voz» en relación a unos cientos de años de mera
escritura.
En tal sentido,
pertenezco a esa vasta tradición de lo que hoy llamo los troveros
contemporáneos. Ahora utilizo el término «puesta en voz» y no tanto el de
«performance», ya que éste ha proliferado en el campo de las artes plásticas,
excediendo al arte poético en sí, aunque las fronteras de los lenguajes
artísticos es algo que cada artista maneja a su mejor antojo y de acuerdo a sus
aptitudes y objetivos.
En cuanto a lo que me
preguntas, sobre la relación entre poesía y acción perfomática, esto ha ido
variando a lo largo del tiempo en mi obra. En los primeros años realicé acciones
poéticas que tuvieron una primordial estructura escénica (Ritual para 13 cuadros de lluvia, 1989,
La segunda del ojo, 1993). El
trabajar junto a otros artistas (bailarines, músicos, actores) me enseñó a
moldear la palabra para hacerla vivir en escena, en correlación con otros
lenguajes.
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Antología de la poesía de Luis Bravo,
Árbol veloZ (poemas 1990-1998) (1998) |
Ya en plena era
informática produje, junto a Silvina Rusinek —y con la inspiración de la música
especialmente compuesta para mis poemas por Álvaro Pasquet, amigo de la
infancia—, el CD-ROM Árbol Veloz
(1998),cuyo alcance poético-tecnológico fue pionero, y muy bien recepcionado
internacionalmente. Allí participaron 20 artistas en fotografía, animación,
pintura, diseño, música. Con ese teatrillo electrónico tuve el honor y el placer
de viajar durante diez años, haciendo recitales multimediáticos pertrechado de
videos y audios grabados, utilizados junto a mi voz en
vivo.
El más reciente de mis
recitales es Tamudando (2010),
grabado en DVD en un recital realizado en una de las principales salas de mi
país (Zavala Muniz/Teatro Solís), y recién coeditado por el sello fonográfico
Ayuí y la editorial Yaugurú. Es un recital verbo-fonético en el que la voz se
hace instrumento y los instrumentos musicales hablan. La voz —que trabajamos a
dúo con la excepcional vocalista Berta Pereira— es la que conduce hacia lo
poético; es decir, la voz recién llega a la palabra, y a sus posibles
significaciones, tras derivas fónicas y experiencias sonoras nacidas de la
puesta en voz del propio texto. Es un ida y vuelta del texto escrito a la voz.
En este punto la estructura teatral se ha disuelto o es apenas un
cañamazo.
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| DVD del recital Tamudando (coedición Ayuí/Yaugurú, 2010) |
En paralelo, estoy
realizando un repertorio sólo para voz. Algo que hago solito con mi alma y mis
humildes recursos vocales, conjugando composiciones propias y de otros poetas de
habla hispana que compusieron obras para ser representadas vocalmente, y que han
tenido muy pocas puestas en voz por parte de nuestros propios poetas. Allí se
dan cita lo verbal y lo fónico, mientras sigo comprobando que, en efecto, hay
audiencias receptivas a este tipo de propuestas. Aunque también te digo que
muchas veces entre los poetas más ortodoxos «de la escritura» esto genera
resistencias. Igual, en estos tiempos, y porque me parece que la cosa
«tamudando», de a poco se van ganando algunos oídos y ánimos antes recelosos. Es
que hoy la poesía «pasa por la voz», de eso no tengo dudas, y aunque eso,
insisto, no es algo nuevo, tampoco es en mi caso una estrategia de comunicación
(no comulgo con la poética coloquialista de que la poesía sea «comunicación»)
sino una concepción más holística de la poesía en la que ambos códigos, el oral
y el escrito, se retroalimenten de manera indisoluble.
Una cosa que sucede con
el arte de la puesta en voz es que se produce un envión energético; así, en cada
re-presentación pasa algo, hay un intercambio, de un lado y de otro se mueve
algo, algo muda. Eso es lo que el poema mueve, una energía. Si esa energía entra
en sintonía con el auditorio, entramos en el campo poético y la vivencia
artística se da en forma plena. El poema es esa energía y su mejor resultado es
una resultante perceptible. Es un poco aquello que decía Charles Olson en su proyective verse (1950) —que tanto
influyó en Allen Ginsberg y en los poetas Beat norteamericanos— y es que el
poema es una descarga que transmites de una manera singular ante una
audiencia.
En mi trabajo no se
trata de espontaneísmo (no tengo la habilidad de la Slam poetry, ni de los
payadores urbanos y raperos); lo mío es una indagación, una inmersión en formas
y en técnicas que hacen al arte de la voz y de la palabra para llegar a la
poesía, no para enseñarla como lo ya dicho y acabado. Es más una búsqueda
expuesta de manera lúdica y sonante, que una certeza.
5. ¿Qué lecturas consideras que han sido
fundamentales para ti en tu oficio de escritor, de poeta? ¿Qué poemarios o
autores te han marcado y de qué manera?
He tenido algunos
maestros a los que siempre reconozco en mi formación. Leí todo Shakespeare a los
16 años, y si bien no entendía, como dicen, de la misa la mitad, es factible que
sin esa experiencia no hubiera comprendido el alcance de la poesía, eso que
escapa al mero escrutinio del conocimiento
racionalizable.
Tras años de verificar
que mis libros eran muy diferentes entre sí, que había más de una voz en mi
registro, leí a Fernando Pessoa, Álvaro de Campos, Bernardo Soares, Alberto
Caeiro y Ricardo Reis, y me reconcilié con los otros de mi mismo. Aún aprendo de
la diversa poesía escrita por ese mago lisboeta. Trilce fue una conmoción que me inoculó
para siempre un ardor de hondura ósea, un campo abierto al verbo
encarnado,
desde entonces mantengo un
inmenso aprecio por la poesía peruana. El sendero zen de Basho, y el
folclore de los troveros de mi pago son dos formas distantes y distintas de una
misma orientalidad que me nutre. La lista es larga y además no importa, como
dijo del arte Antonio Machado, cuando en plena guerra civil se topó con otras
urgencias que requerían del espíritu humano en primer término; ese gran Don
Antonio, también Juan de Mairena y Abel Martín, a quienes hace años no visito;
sepan disculpar, abuelos.
Muchas veces vuelvo a Borges, como se
vuelve al barrio de la infancia, en donde suena el tango arrabalero y una cierta
filosofía del tiempo que no es sólo nostalgia sino sueño. El tiempo es eterno en
la urna griega de John Keats, y efímero en los apenas 24 años de Lautréamont,
dos siempre jóvenes y admirables. En otra entrevista podría nombrar a otros
siete, y así sucesivamente. Esto de elegir preferencias no tiene caso ni fondo,
así que sigamos: «guarda e pasa».
6. Además de poeta, eres crítico literario,
catedrático de universidad y editor. ¿Cómo has hecho para amalgamar tu trabajo
en estas áreas con la escritura de poesía?, pues, como bien sabemos, el oficio
de escribir es bastante absorbente.
La poesía ha sido el
centro irradiador. Todo lo otro han sido trabajos en derredor. Además, el
pluriempleo es una de las tantas condenas a las que sobrevivimos en nuestros
países dependientes. Igualmente, es sorprendente todo lo que una sola persona
puede hacer. Mi madre trabajaba ocho horas, nos daba de comer, nos amaba, y
cuidaba que mi padre no tirara el dinero entre las patas de los caballos. Ella
me lleva harta ventaja en hacer varias cosas importantes a la vez, se lo
aseguro. No quiero ser injusto con mi padre, que también fue un infatigable
bioquímico; patentó más de cien medicamentos, lo único que le gustaba el
escolaso, como dice el tango. Pero luego lo dejó. Además con él, que me llevaba
50 años, pude hablar de filosofía y ciencia como nunca más lo he podido hacer
con nadie. El leía esas dos disciplinas con naturalidad, mientras que yo dejé la
química porque la matemática me superó.
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| Penúltimo poemario de Bravo, Algo pasa por la voz (2008) |
7. En relación a la crítica literaria Luis,
en el Perú varios medios periodísticos han limitado al máximo su sección
cultural, en algunos es casi inexistente, ¿cómo ves el panorama del periodismo
cultural, en particular el relacionado a la literatura (a la poesía) en
Sudamérica?
Es una de las causas
por las cuales dejé por años de leer los periódicos. La otra es que fui
periodista de prensa escrita y de radio por años, por lo que sé muy bien todo lo
que no se dice y porqué. El periodismo cultural se disolvió en el aire del
neoliberalismo de los años noventa. No veo
que los protosocialismos del siglo XXI estén ocupados en cambiar ese
rumbo, sino en controlar a la prensa para sus propios intereses. La cultura debe
expresarse libremente, sin cortapisas, pero a su vez tiene que tener los
espacios para hacerlo. Lo demás, ya sea la censura gubernamental o el libre
mercado, es puro control social del poder de
turno.
8. Durante la década pasada, en el 2000, en
el Perú se dio un boom en cuanto a la
aparición de editoriales independientes comúnmente dirigidas por jóvenes
universitarios, lo que permitió que se dieran a conocer a varios poetas nóveles
que empezaron a publicar en dicha época, muchas de esas editoriales ya no
existen. ¿Sucedió algo similar en Uruguay? ¿Las editoriales uruguayas publican
también a los nóveles, o van a lo seguro, a los consagrados?
Las experiencias
editoriales alternativas se dieron en mi país en los años ochenta, como la del
«grupo Uno», hasta mediados de los noventa. Luego vino la marejada mercantil.
Recién hacia el 2005 otros jóvenes tomaron la posta y abrieron nuevas
editoriales para airear el mercado. Pero el mercado ya había expulsado no a los
poetas sino a la poesía al exilio.
Hoy nuevamente tenemos
algunas tozudas experiencias de editoriales que dan lugar a la poesía —Estuario,
Yaugurú, La Cartonera, Ático, entre otras—, mientras las megaeditoriales
internacionales inundan las vitrinas con basura impresa, convirtiendo a las
librerías en hipermercados en los que, muchas veces, encontrar literatura es una
ardua tarea.
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1era Bienal Metropolitana de Poesía y
II Festival Internacional en Uruguay
La poesía vale un Perú (2006),
festival en el que el Perú fue el
país homenajeado |
9. Luis, eres uno de los poetas invitados al
Primer Festival Internacional de Poesía de Lima (FIPLima), el que será un evento
inédito por sus características en nuestro país. Habiendo asistido a numerosos
recitales y festivales de este tipo, ¿qué expectativas tienes en relación al
festival? ¿Qué opinas de la inserción del Perú, y por ahora de su capital Lima,
al circuito internacional de festivales de poesía?
Como te decía, tengo un
enorme aprecio por la poesía peruana, la actual y la que hace a su tradición. De
hecho, coorganicé en 2006 en mi país un segundo festival internacional (el
primero lo hicimos en 1993) que tuvo como centro esa tradición y que se tituló,
justamente, La poesía vale un
Perú.
Pienso que Perú le haría
justicia a su propia poesía si, en efecto, lograra insertar a Lima, y a otras
ciudades de su rico territorio cultural, en el circuito de los festivales
internacionales de poesía. Ahora, con sólo mirar la lista de invitados a este
primer festival en Lima, te puedo decir que, de lograrse, estaremos ante un
evento poético de primera magnitud, como hace mucho no acontece. Será toda una
celebración de la lengua poética. Ojalá que las autoridades culturales de tu
país valoren el rico patrimonio que se gesta en una reunión de poesía como la
que se está programando para el próximo mes de abril de 2012.
10. Para concluir, ¿te encuentras próximo a
publicar un nuevo poemario, quizá estés terminando algún nuevo proyecto
literario del que nos puedas hablar en primicia?
Me encuentro próximo a
presentar en el marco del Festival de Poesía de Lima un libro que me llevó años
de investigación y reflexión sobre la poesía de mi país. Se titula Voz y palabra: historia transversal de la
poesía uruguaya 1950-1973. Difundirlo, en una conferencia o en futuros
seminarios universitarios, es mi proyecto más cercano y al que pienso dedicar
varios meses de este año.
Será un honor para mí,
que la primera presentación de ese libro se produzca en Lima, incluso antes que
en mi propio país. Aparte de eso, preparo dos antologías de poesía uruguaya, una
para Chile y otra para México, a ver si este año salen ambas, que además cubren
distintos períodos.
A la vez, preparo dos
libros más con poemas que he venido escribiendo durante años, a ver si logro
sacarlos de ese laberinto de infinitas versiones en el que es posible termine
perdiéndose la semilla del poema mismo.
Biodata
Luis Bravo. Montevideo - Uruguay, 1957. Ha publicado en
poesía: Horizonte mudo (1980), Puesto encima el corazón en llamas
(1984), Lluvia (1988), Gabardina a la sombra del laúd (1989),
Árbol Veloz (1998), Liquen (2003), Tarja (2004), Algo pasa por la voz (2008), Tamudando (2010). En ensayo: Nómades y prófugos/Entrevistas literarias
(2002), Escrituras visionarias /
literaturas iberoamericanas (2007), Obra Junta, antología anotada del poeta
Ibero Gutiérrez (2008), Los papeles
de Juan Morgan / Narrativa completa de Julio Inverso (2010), Voz y palabra: historia transversal de la
poesía uruguaya: 1950-1973 (2012), entre otros.