lunes, 28 de mayo de 2012

Los cineastas del desarraigo





Por: Luis Valladares



Europa está constituida de forma tan heteróclita que sus grietas comienzan a ser expuestas de forma más brutal por el cine de artistas que representan la voz de quienes fueron protagonistas de la reconstrucción económica de antaño. Para comprender mejor este fenómeno, hagamos un recorrido histórico.
Tras la Segunda Guerra Mundial, toda Europa experimentó una oleada migratoria favorecida por varios gobiernos con la finalidad de reconstruir sus ciudades y de relanzar sus alicaídas economías. Estos grupos procedieron de países menos desarrollados tanto de la propia Europa (Portugal y España) como de África. Esto significó un gran movimiento de masas que marcaría la organización social de cada uno de estos países.
En Francia, por ejemplo, llegaron grupos provenientes de la África magrebina para reconstruir la ciudad de la luz. Estos se hacinan en los extramuros de la ciudad hasta que en los años 1960 son construidas enormes zonas residenciales donde se concentró, en un primer tiempo, la población obrera conformada ya por inmigrantes magrebíes, así como de descendientes de inmigrantes europeos y franceses provenientes del éxodo rural (franceses que huían del ruido de la ciudad). La crisis del petróleo de los años 70 mermó profundamente la economía francesa y los barrios de la periferia (les banlieues) se deterioran rápidamente al punto de ser abandonadas grandes zonas residenciales. Las banlieues no son más atractivas para las inversiones privadas y un período de guettización comienza. La segregación por parte del Estado y el aislamiento cultural como respuesta por parte de estos grupos favoreció la tensión en este espacio al punto de propagarse la sensación de ser ciudadanos de segunda.
En Alemania, por otra parte, la instalación del programa económico liderado por el ministro de economía Ludwig Erhard necesitó de grandes números de mano de obra no calificada no proporcionada por el país debido a la alta tasa de caídos en combate y de prisioneros de guerra que todavía no regresaban. Dicha carencia fue cubierta, en primer lugar, por Italia, luego por Turquía. Aunque el gobierno alemán había pensado contratar por un período corto a estos inmigrantes, este se vió en la necesidad de extender los permisos y de solicitar más inmigrantes para mantener en marcha el milagro económico. A comienzos de los años 70 se suspendieron las contrataciones pero se facilitó la reagrupación familiar. Algunos turcos se establecieron en Alemania; otros, prefirieron partir. A fines de los años 70 y comienzos de los años 80, el gobierno alemán intentó promulgar una serie de leyes que pudieran integrar a esta gran minoría turca.  Como lo vimos en Francia, aquí también el aislamiento cultural se instala.

Abdellatif Kechiche
Estos dos ejemplos producirán un grupo de artistas cuya vertiente principal será dialogar con esta crisis y mostrarnos la crudeza de la falta de identidad. Desde Francia, tenemos al director Abdellatif Kechiche (1960) nacido en Túnez e instalado en Niza a la edad de 6 años. Estudia Arte Dramático en el Conservatorio de Antibes y luego de interpretar varios papeles decide instalarse detrás de las cámaras para filmar su ópera prima en el año 2000 con un presupuesto bien pobre, La Faute à Voltaire (La culpa es de Voltaire) donde narra la historia de Jallel un joven tunecino clandestino que intenta sobrevivir en un París que le resulta agresivo.
En La Esquiva, un joven de banlieue
se enamora de su compañera de clase

Cuatro años más tarde y con las mismas limitaciones vendrá L’Esquive (La Esquiva) donde se narra la historia de Krimo, un joven de banlieue enamorado de Lydia, chica francesa que participa en los ensayos para la puesta en escena de una pieza de Marivaux. Para intentar seducirla, Krimo participará de los ensayos. A pesar del tibio éxito en las pocas salas donde se estrenó, el film fue la sorpresa durante la 30ª. Ceremonia de los César venciendo a los favoritos Les Choristes de Christophe Barratier y Un long dimanche de fiançailles de Jean Pierre Jeunet y ganando las cuatro categorías principales: Mejor film, Mejor realizador, Mejor guión original y Mejor actriz.

En español llegó con
el título de Cuscús
Más tarde vendrá La Graine et le mulet (2007), título simbólico que ilustra la característica de los dos personajes principales. En Sète, el señor Beiji se encuentra sin trabajo a la edad de 61 años después de haber trabajado en una cantera naval del puerto.  Vive en un hotel junto con su hija Rym y la dueña de este. Luego de recibir el dinero de su indemnización decide abrir un restaurante pero necesitará de la ayuda de su familia y amigos. Al llegar la noche de la Ceremonia de los César la historia se repite. Kechiche y su película ganan las cuatro categorías que ganó con su anterior film.

En 2010, Kechiche cambia de historia pero no de discurso al filmar Vénus Noire, un film de época que narra la verdadera historia de Saartjie Baartman, mujer africana de la colonia del Cabo. Ella fue secuestrada y expuesta enjaulada como un monstruo en las ferias de Londres para luego ser estudiada por la Real Academia de Medicina de Paris por el anatomista Georges Cuvier.
Kechiche lee la subalternidad
desde comienzos de la modernidad

Fatih Akin máximo representante
del llamado cine turco-alemán
Desde Alemania, tenemos al director Fatih Akin (1973) nacido de padres turcos en Hamburgo es el máximo representante del llamado cine turco-alemán. Hace su debut en 1998 con el film Corte y con filo, una historia de traición y ambición que lo hizo conocido. Luego, En Julio (2000) narra la historia de un joven profesor llamado Daniel, solitario, que se enamora de una joven turca, Melek, a quien decide seguir hasta Estambul. En 2002 aparece Solino, donde vemos durante 20 años a los hermanos Gigi y Giancarlo Amato vivir alrededor del restaurante Solino que es abierto en Duisburgo. Nostalgia de los espacios perdidos, nostalgia de terruño.

El reconocimiento internacional llega
con la historia del amor tormentoso de dos
personajes que viven en la frontera de la vida
El reconocimiento vendrá en 2004 con su mejor obra hasta la fecha Contra la pared donde narra la tormentosa historia de amor entre Cahit Tomruk, cuarentón de ascendencia turca, consumido por la depresión, el vicio, y Sibel Güner, hermosa joven de ascendencia turca como él, que intenta escapar del yugo de su conservadora familia mediante el suicidio. Al encontrarse en un hospital psiquiátrico, ella le propondrá matrimonio. Después de reflexionarlo, él acepta sin pensar que sus vidas quedarán marcadas para siempre.

La identidad de la música
Esta película representará un giro en su filmografía ya que lo vinculará con mayor fuerza a lo que significa ser turco en Alemania y, en especial, ser y sentirse extranjero. Tenemos por ejemplo de 2005 Crossing the Bridge: The sound of Istanbul, exploración de la identidad a través de la música. En 2007, Al otro lado será la misma propuesta reflejada, en esta ocasión, en la relación entre un viejo turco alemán y  una prostituta turca rescatada de las calles por el viejo Ali Aksu.

Al otro lado ...  de la identidad


Como vemos ambos cineastas desde sus propias canteras, con su particular estilo intentan dar voz y cuerpo al sujeto de sus raíces. Kechiche relee, en parte, las ficciones que construyeron a la república francesa para criticar la validez de su divisa. Akin integra la estética de las películas de género y al apropiarse de ellas hacer hablar a sus personajes divididos entre dos mundos que no lo reconocen.

Con estos dos ejemplos hemos querido mostrar no una corriente estética que se esté forjando como respuesta a un entramado intelectual, sino mostrar una postura ideológica, de reivindicación del sujeto aislado, invisible que los sistemas económicos han sacrificado en aras del progreso. El subalterno encontró su voz.

jueves, 24 de mayo de 2012

Una Babel interior. La poesía de Claes Andersson

El poeta Claes Andersson




Por: Mario Pera





La poesía de Claes Andersson (Helsinki, 1937) se enmarca dentro de la gran versatilidad de sus vocaciones, ampliamente dispares, como médico psiquiatra, poeta, músico, dramaturgo, crítico literario y político. Se trata de un humanista pleno que, con distintas aptitudes innatas, no se ha encasillado a sí mismo y, por el contrario, se ha preocupado por desarrollar tanto su interés científico, como su vena artística, esta última la que quizá sea su principal inclinación y la que lo ha hecho merecedor de un singular reconocimiento en y fuera de Finlandia.
     Andersson es un hombre de tendencia ideológica izquierdista con un alto nivel cultural, siendo, además, parte de la minoría finesa de habla sueca. Su preocupación por intentar resolver las injusticias sociales lo ha llevado a detentar cargos políticos de gran importancia para su país, tales como parlamentario nacional y ministro de cultura. Es por su ideología político-filosófica izquierdista que Andersson no solo toma como centro de su expresión poética a los grandes temas líricos como lo son la muerte, el amor, la vida, sino que conjuga aquellos «ejes» de la poesía universal con la denuncia de los problemas e injusticias político-sociales que lo afligen, lo que ha envuelto a parte de su poesía en un tono social (sin llegar al extremo de utilizar al poema como un panfleto político) que lo diferencia y distancia de otros grandes poetas finlandeses de expresión sueca contemporáneos suyos, quienes se caracterizan por practicar una poesía de corte intimista e introspectivo.
     Sin embargo, el contenido de la lírica de Claes Andersson en tan amplia como sus vocaciones, y vuelve la mirada para poetizar sobre su experiencia derivada de su ejercicio profesional como psiquiatra, así como también incide en uno de los ejes temáticos esenciales de la poesía nórdica, la contemplación de la unión del ser humano con el medio ambiente que lo rodea, la reflexión sobre el lugar que ocupa la persona en la naturaleza y que parte desde la admiración en absoluto mutismo, hasta una explosión contenida en la que, finalmente, lo observado se hace verbo a través de la mano del poeta.
     A la temática variada se le une el tono irónico y sarcástico con el que Andersson sazona su poesía, el que la dota de una irreverencia punzante que se ve acentuada por el humor (tan difícil de articular en la poesía) que, diestramente, este poeta inocula en su expresión para poner en mayor evidencia aquellas cuestiones sobre las que se expresa con maestría, pues uno de los principales dotes de este poeta es su excepcional manejo del lenguaje que no por contener un tono impetuoso, deja de ser oportuno y eficaz.
     Así, tenemos una atractiva receta poética: temática heterogénea, notable dominio del idioma, ironía, honestidad y una inusual pizca de humor, ingredientes que, evidentemente, hacen altamente recomendable su lectura.


El poeta en el órgano. La música, otra de sus pasiones


Poemas de Claes Andersson*



Nos vemos mutuamente sólo
a través de las grietas de
nuestro rostro
El verano es tiempo de muerte
Hay entonces tanta vida
La muerte es olvido que uno
Recuerda de repente





Cuando se rompe una persona
     los pensamientos la abandonan como gorriones helados
Las semillas se le escurren y ella se ahueca
     Ocurre tan despacio que ni siquiera su madre
tiene tiempo de notar nada
     Ya no se oye su llanto, las lágrimas
se han helado y se han pegado a su pasado
     y ella no es nadie
No lo notamos hasta que no desaparecen
     a sus ojos, la mirada se coagula
Todavía sigue andando un poco de tiempo
     como impulsada por su propia inercia
Cuando se detiene
     se hace el silencio a su alrededor
Era ella, era ella la que una vez
     escondió todas las posibilidades
de alegría de amor de pertenencia





En Helsinki las casas no son especialmente hermosas
     Los parques no son particularmente frondosos
El aire no tiene más hollín que el de otras capitales
     Las gentes no son más felices que en otras partes
Helsinki es una ciudad sin rostro, con una sonrisa
     Sin fisonomía vuelta hacia el mar
La ciudad entera es sobre todo nuca, espalda
     A veces uno cree vislumbrar una sonrisa
en la nuca, una carcajada en la espalda
     Entonces uno trata desesperadamente de darse la vuelta
corriendo para poder verle los ojos, la boca
     Entonces la ciudad se repliega sobre sí misma, se envuelve
en una niebla espesa en torno a sus hombros
     A Helsinki se la puede amar
por su banalidad, por su carencia
     de rasgos, su indiferencia
por los que se caen en sus calles
     y quedan allí tumbados





Del singular encuentro de la ortiga
y el satirión
ha surgido la angustia.
Imagínate —construida en el interior del hombre—
una pirámide de cuchillos que vibran imperceptiblemente.
O —si prefieres una metáfora zoológica—
una rata hambrienta, encerrada
en la despensa de tu cerebro. El grito
no es más que una válvula de seguridad inútil,
la cuerda y la bala
son algo más útiles.





En cierta sociedad se les quita a las personas
su vida
es una de las primeras cosas que se hacen
¿De quién es la vida que van a vivir después?
Nadie puede contestar a eso con certeza
Se supone que van a vivir la vida
de aquellos que se la han quitado
¿La de quién si no?
¿Es que no merece la pena vivir la vida
Por su propio valor?
No todos están de acuerdo
Tenemos estaciones de SOS
El teléfono de guardia de la iglesia
y un entierro decente
que evidentemente cuesta un dinero
Pero después ya no hay más
Mil suicidios al año
¿no es acaso un precio razonable?
Bueno, luego están los veinte mil que fracasan
Algunos de ellos no sufren secuelas ni siquiera
para toda la vida





No queda ni una sola persona muerta tras la bomba
Ni una flor muerta ni un árbol muerto
Sólo quedan ciudades vacías, ruinas
que nadie puede ver
No queda nadie que pueda saber
si hubo alguna vez algún muerto.





Sabemos muy poco sobre pájaros
porque nos huyen constantemente
Apenas nos atrevemos a tener un pájaro muerto
en la mano ahuecada antes de
tirarlo a la cuneta más próxima
Después por todas partes por todas partes
creemos reconocer el pájaro muerto entre
nuestros amigos, entre nuestros
amigos en las nubes, en las nubes
creemos reconocer
el pájaro muerto que hemos tenido en
el hueco de la mano igual
que a un pajarillo vivo





* todos los poemas han sido traducidos por Francisco J. Uriz.

lunes, 21 de mayo de 2012

Veneno para las hadas (1984)














                                 Por:   Rodrigo Pámanes




El cine latinoamericano no es un productor de cine de terror como lo es Estados Unidos o Japón, siempre hemos tendido hacia el melodrama y la comedia dejando de lado la ficción que genera angustia, miedo o inquietud.  En México hemos tenido una corriente de películas donde las momias y vampiros pelean contra luchadores enmascarados dejando más parodia que sustos. Pocas han sido las producciones que han buscado estructurar una narrativa  más terrorífica y menos paródica; entre estas pocas excepciones se encuentra Veneno para las hadas, largometraje escrito y dirigido por el polifacético Carlos Enrique Taboada, el maestro del terror en México.
     Veneno para las hadas es una de las más importantes y bien hechas películas de terror que se han filmado en el país. El manejo de la tensión, los encuadres, el vestuario y los diálogos logran una armonía siniestra y desconcertante que generan en el espectador una sensación constante de desasosiego.
     Como en casi todas las películas de Taboada, el mal  que acecha tras los arbustos lo ejercen los vivos; los fantasmas solo son los ejecutores o correctores de los errores avariciosos y abusivos que los personajes de carne y hueso cometen.
     La trama es sencilla: una niña hace creer a otra que es bruja y la orilla a realizar actos contra su voluntad, situación que va escalando hasta llegar a un desenlace duro, doloroso y por momentos difícil de digerir. La estrategia de narrar una historia donde una linda niña rubia es la encarnación pura del mal es tan eficiente que nos hace temer más de los planes de una infante que del machete de un asesino.



    

 Las películas de terror filmadas por Taboada siempre han destacado por el cuidado y precisión que tiene para mostrar la belleza femenina como trasgresión a una cultura mexicana conservadora y machista. En Hasta el viento tiene miedo (1968)  y en Más negro que la noche (1974) llega a mostrar a chicas de clase alta comportándose como se supone que nunca se comportaría una “señorita”. A esa actitud se suman las tomas sensuales y momentos de dormitorio y baño que en ambas propuestas muestran la piel suficiente como para sonrojar a cualquier dama copetuda de la época.  En Veneno par las hadas la sensualidad no está ausente, pero al ser niñas las protagonistas Taboada solo hace guiños discretos y nada sexuales en un par de escenas que de no haber sido filmadas por él pasarían desapercibidas.
     La tensión perpetua que muchas veces engaña al espectador hace que se esté pensando en las posibilidades de la historia. Cuando estamos seguros que se dará un giro para culminar con la tensión construida, Taboada mantiene la narración sin artificios ni trampas.  En este filme podemos ver esta estrategia cuando las niñas van de viaje a una hacienda lejos de la ciudad y cada día que pasa, acentuado por el cambio de vestimenta en los personajes, creemos que será el que una bruja o un fantasma nos sorprenda con los dedos en la boca.  El final de la película es tan interesante precisamente por, de alguna forma, no cumplir con las expectativas planteadas, no porque sea malo o torpemente realizado sino por magistral e inquietante.  El punto final de la historia sorprende por su sencillez narrativa y su complejidad meditativa.
     Es verdad que un cuervo posado en una rama seca no hace el otoño y que la tetralogía de terror dirigida y escrita por Taboada (las tres mencionadas y El libro de piedra, 1968) no logró hacer escuela ni costumbre en el México de los sesentas, más ocupado de los melodramas, narcos y demás fórmulas acartonadas. Pero a lo mejor  ser el oasis resalta el trabajo tan interesante y reconocido que el director logró realizar con más entusiasmo que medios. 
     Curioso es que la película que nos ocupa, si bien fue reconocida por la crítica y los espectadores en su lanzamiento, no ha logrado el éxito televisivo que sí han obtenido las otras tres de la tetralogía; es raro el mexicano adulto que no ha visto El libro de piedra, Hasta el viento tiene miedo o Más negro que la noche debido a que son repetidas constantemente en los canales de televisión abierta, suerte que no ha tenido Veneno para las hadas que prácticamente solo se puede ver en Youtube.
     De las casi cincuenta películas en las que participó como guionista o director es Veneno para las hadas mi favorita; por todos los hilos que me movió, por las inquietudes que me generó y por recordarme que el mal se encuentra hasta en la abeja que tranquila zumba entre flores de naranjos y perales.
                                                           

jueves, 17 de mayo de 2012

Entrevista al poeta Luis Bravo: «Trilce me inoculó para siempre un ardor de hondura ósea, desde entonces mantengo un inmenso aprecio por la poesía peruana»

El poeta uruguayo Luis Bravo leyendo
en Zavala Muniz en el año 2009


Por: Mario Pera



Luis Bravo es uno de los más destacados poetas uruguayos de las últimas décadas. Desarrolla una poesía muy vinculada a lo que él denomina «la puesta en voz», en un estilo que le es propio y gracias al cual ha venido gestando su propia audiencia.
Su poesía ha sido traducida a varios idiomas, y figura en diversas antologías internacionales.
Habiendo integrado el revulsivo grupo de jóvenes poetas de Ediciones de Uno en los ochenta, fue luego editor de los libros del Semanario Brecha, habiendo ejercido desde muy joven la crítica literaria en prensa escrita y radial.
Como gestor cultural fue coorganizador del Primer Festival de Poesía Hispanoamericana de Montevideo (1993), del Festival Internacional «La poesía vale un Perú» (2006), así como del Ciclo de Poesía & Performance «Esto pasa por la voz» (2009).
Actualmente Bravo es ensayista con varios premios otorgados por el Ministerio de Cultura de su país en ese género, así como ha sido designado investigador adjunto de la Academia Nacional de Letras, e investigador asociado de la Biblioteca Nacional de su país. Es, a la vez, Profesor de Literatura Universal III en el Instituto de Profesores «Artigas» (IPA) del Uruguay, y de Latinoamericana II en la Universidad de Montevideo.
La obra literaria de Bravo es una de las más representativas de la poesía contemporánea de Uruguay. Complementa su poética, con una propuesta escénica y sonora muy particular, relacionando a la poesía con otras artes (música, danza, artes visuales) lo que dota a su lírica de una estética especial.
En esta entrevista, Luis Bravo nos permite acercarnos a su forma de trabajo, así como a diferentes vivencias en tanto artista y poeta.


1. Luis, ¿cómo llegas a la poesía? ¿Fue la lectura la que te atrajo, o tal vez algún suceso o circunstancia vital la que generó en ti el deseo de expresarte por medio de la poesía?
Primero fue la música, después la filosofía. En medio, fueron las ciencias y el cine. Esas fueron mis primeras pasiones. Finalmente, me quedé con la poesía como síntesis: una forma de la intensidad que atraviesa los lenguajes y lo metamorfosea todo.
Luis Bravo en un collage

2. ¿Por qué elegiste la poesía como principal medio de expresión artística sobre otras artes (como la música o el teatro) y, más aún, sobre otros géneros literarios como el cuento o la novela? Pese a que también has publicado cuentos.
No creo haber elegido a la poesía por sobre otras artes. De poder elegir hubiera preferido la música; toqué guitarra en mi adolescencia, y hasta componía. Mis dos amigos más cercanos resultaron ser dos músicos de excepción. Entonces, me di cuenta que no tenía ni su habilidad ni su oído para la música. A la vez, escribir me nacía naturalmente, pero no recuerdo haber elegido ser poeta. Lo fui sin darme cuenta. Por eso me llevó años aprender a escribir; mi inclinación natural era la de componer piezas musicales con palabras.
A lo largo de los años logré «negociar», como se dice hoy, entre esas dos vías: decir y dejar que el lenguaje dijera por sí mismo. (Lo de «negociar» lo uso porque es paradójico en relación a la poesía cuya riqueza nunca es pecuniaria). Mi forma de hacer poesía, incluida su «puesta en voz» (así denomino al arte de componer poesía, que no es sólo para ser leída en la página) tiene mucho de «escena» vocal; aunque cabe aclarar que lo que comanda en esa «voz», no es sólo lo que emite el aparato fonador, sino la voz que el poema hace suya como palabra y como sonido en consonancia con una energía que trasvasa lo meramente escrito.
El otro género que he cultivado es el ensayo. Comencé siendo crítico de prensa escrita, y también radial, pero la investigación me llevó a formas más desarrolladas de especulación creativa, que es tal y como concibo hoy el ensayo literario. Coincido con Oscar Wilde en que el ensayista es creativo; en ese campo si bien estoy haciendo mis aportes, pienso que aún me falta liberar una mayor subjetividad de la que hasta ahora he logrado. En ese sentido admiro, por ejemplo, lo que logra el italiano Roberto Calasso, para mí un maestro del ensayo en la actualidad.
El ensayista italiano Roberto Calasso y uno de sus ensayos, La folie Baudelaire
Poesía y ensayo son los dos géneros que más leo desde hace años. El cuento me encanta y, es verdad, lo he frecuentado. Pero ¡hay tan buenos cuentistas en la literatura latinoamericana!, que termino por claudicar ante mis insuficientes proyectos la mayoría de las veces. La novela me hace sentir que pierdo tiempo, no me atrae. He dejado cientos de novelas sin terminar de leer, les saco el jugo del lenguaje hasta donde dan, y luego las dejo. Soy un vampiro de novelas y tengo a ese género como menor en relación al cuento, el ensayo y la poesía, sobre todo en estos tiempos de nefasto marketing novelesco.
En tal sentido, mi interés y el del mercado editorial no coinciden. Aquellos narradores que son grandes poetas sí me interesan, Kafka, Dostoievski, Proust, Cervantes, Joyce, Guimaraes Rosa, para nombrar autores de varias lenguas a quienes siempre vuelvo. Aparte, tengo un particular aprecio por los narradores satíricos, Laurence Sterne, Diderot, Swift, Voltaire. Entre los filósofos Nieztsche y Deleuze me resultan escritores que siempre me han inspirado.

3. Comenzaste a publicar en un periodo socio-político complicado para tu país, en la década del fin de la dictadura militar. ¿Cómo fue para ti ingresar al ambiente literario de tu país en esas condiciones? ¿De algún modo, la poesía te sirvió para canalizar tu compromiso con la libertad y la democracia? Mi primer poema se publica en la revista Imágenes, en 1978; eso era en plena dictadura y no se veía la luz al final del túnel. De hecho, faltarían seis largos y oscuros años más para empezar a derretir el hierro de aquel régimen siniestro. Yo era un joven de 21 años experimentando con las formas de libertad psíquica que venía asimilando, a mi manera, del surrealismo y de la psicodelia musical sesentista, a contramano de aquel contexto represivo. Ese poema de 1978 lo escribí bajo el influjo de Paul Éluard, acaso el menos surrealista de los surrealistas franceses, pero con cuya poética amorosa me consustanciaba por entonces.
Lo que te puedo decir es que me sentía más sólo que el uno en mi búsqueda; mis amigos eran músicos y pintores y casi no tenía contacto con poetas. Nuestra generación estaba huérfana y aislada, esa era la situación. Esto cambió cuando en 1983 me uní al grupo de poetas que se había nucleado un año antes en torno a la revista Uno en la cultura. El hecho fue determinante en la ampliación de mis lecturas, hasta ese momento de vanguardia pero sin intercambio dialéctico con otros pares.
El «grupo Uno» marcó la poesía de los años ochenta; para mí fue un aprendizaje y una praxis. Allí nos propusimos aunar ese imperioso deseo de libertad desde formas poéticas experimentales. Aunque éramos todos muy diferentes, nos unía ese trabajo en conjunto y ese enemigo común que era la tiranía. En la interna del grupo las discusiones estéticas y políticas, el salir a leer poesía en escenarios no habituales (como son fábricas, sindicatos, facultades de estudiantes) nos templó a llevar la poesía más allá del libro.
No obstante, nos constituimos en una editorial «alternativa», esa era la expresión que se usaba para lo que fuera autogestionario, o un poco diferente. Publicamos más de un centenar de libros de poetas de diversas generaciones. Y en aquellos años de plomo llegamos a tener una suscripción de unos 1000 lectores que mes a mes recibían nuestros libros, plaquettes y revistas. Hoy un tiraje de poesía apenas si llega a 500, y la mayoría de sus ejemplares se terminan regalando. Si bien aquella coyuntura fue especial, considero que este presente es hostil, por indiferencia o por ignorancia, para con la poesía.
Ritual para 13 cuadros de lluvia (1988) por Luis Bravo

4. Tu poesía se encuentra muy vinculada a la ejecución de performances, ¿cómo se articula o engrana con tu poesía la acción «performática»? ¿Cuánto aporta tus performances a la interpretación que el público puede hacer de tu poesía?
Para mí la poesía no está desligada de su «puesta en voz». Es cierto, escribo poesía pero esa escritura no es para mí el fin último del arte poético. El proceso creativo se reanuda en el arte de la puesta en voz. Ahí es cuando recién termina el proceso, y me doy cuenta que no sólo escribo sino que compongo poemas. La poesía tiene siglos de «puesta en voz» en relación a unos cientos de años de mera escritura.
En tal sentido, pertenezco a esa vasta tradición de lo que hoy llamo los troveros contemporáneos. Ahora utilizo el término «puesta en voz» y no tanto el de «performance», ya que éste ha proliferado en el campo de las artes plásticas, excediendo al arte poético en sí, aunque las fronteras de los lenguajes artísticos es algo que cada artista maneja a su mejor antojo y de acuerdo a sus aptitudes y objetivos.
En cuanto a lo que me preguntas, sobre la relación entre poesía y acción perfomática, esto ha ido variando a lo largo del tiempo en mi obra. En los primeros años realicé acciones poéticas que tuvieron una primordial estructura escénica (Ritual para 13 cuadros de lluvia, 1989, La segunda del ojo, 1993). El trabajar junto a otros artistas (bailarines, músicos, actores) me enseñó a moldear la palabra para hacerla vivir en escena, en correlación con otros lenguajes.
Antología de la poesía de Luis Bravo,
Árbol veloZ (poemas 1990-1998) (1998)
Ya en plena era informática produje, junto a Silvina Rusinek —y con la inspiración de la música especialmente compuesta para mis poemas por Álvaro Pasquet, amigo de la infancia—, el CD-ROM Árbol Veloz (1998),cuyo alcance poético-tecnológico fue pionero, y muy bien recepcionado internacionalmente. Allí participaron 20 artistas en fotografía, animación, pintura, diseño, música. Con ese teatrillo electrónico tuve el honor y el placer de viajar durante diez años, haciendo recitales multimediáticos pertrechado de videos y audios grabados, utilizados junto a mi voz en vivo.
El más reciente de mis recitales es Tamudando (2010), grabado en DVD en un recital realizado en una de las principales salas de mi país (Zavala Muniz/Teatro Solís), y recién coeditado por el sello fonográfico Ayuí y la editorial Yaugurú. Es un recital verbo-fonético en el que la voz se hace instrumento y los instrumentos musicales hablan. La voz —que trabajamos a dúo con la excepcional vocalista Berta Pereira— es la que conduce hacia lo poético; es decir, la voz recién llega a la palabra, y a sus posibles significaciones, tras derivas fónicas y experiencias sonoras nacidas de la puesta en voz del propio texto. Es un ida y vuelta del texto escrito a la voz. En este punto la estructura teatral se ha disuelto o es apenas un cañamazo.
DVD del recital Tamudando (coedición Ayuí/Yaugurú, 2010)
En paralelo, estoy realizando un repertorio sólo para voz. Algo que hago solito con mi alma y mis humildes recursos vocales, conjugando composiciones propias y de otros poetas de habla hispana que compusieron obras para ser representadas vocalmente, y que han tenido muy pocas puestas en voz por parte de nuestros propios poetas. Allí se dan cita lo verbal y lo fónico, mientras sigo comprobando que, en efecto, hay audiencias receptivas a este tipo de propuestas. Aunque también te digo que muchas veces entre los poetas más ortodoxos «de la escritura» esto genera resistencias. Igual, en estos tiempos, y porque me parece que la cosa «tamudando», de a poco se van ganando algunos oídos y ánimos antes recelosos. Es que hoy la poesía «pasa por la voz», de eso no tengo dudas, y aunque eso, insisto, no es algo nuevo, tampoco es en mi caso una estrategia de comunicación (no comulgo con la poética coloquialista de que la poesía sea «comunicación») sino una concepción más holística de la poesía en la que ambos códigos, el oral y el escrito, se retroalimenten de manera indisoluble.
Una cosa que sucede con el arte de la puesta en voz es que se produce un envión energético; así, en cada re-presentación pasa algo, hay un intercambio, de un lado y de otro se mueve algo, algo muda. Eso es lo que el poema mueve, una energía. Si esa energía entra en sintonía con el auditorio, entramos en el campo poético y la vivencia artística se da en forma plena. El poema es esa energía y su mejor resultado es una resultante perceptible. Es un poco aquello que decía Charles Olson en su proyective verse (1950) —que tanto influyó en Allen Ginsberg y en los poetas Beat norteamericanos— y es que el poema es una descarga que transmites de una manera singular ante una audiencia.
En mi trabajo no se trata de espontaneísmo (no tengo la habilidad de la Slam poetry, ni de los payadores urbanos y raperos); lo mío es una indagación, una inmersión en formas y en técnicas que hacen al arte de la voz y de la palabra para llegar a la poesía, no para enseñarla como lo ya dicho y acabado. Es más una búsqueda expuesta de manera lúdica y sonante, que una certeza.
Tamudando, por el poeta Luis Bravo y Garza Mora
en el Centro Cultural de España en Montevideo (2010).
Se puede apreciar la presentación de Tamudando en:
http://www.youtube.com/watch?v=rthbXnLp0p0

5. ¿Qué lecturas consideras que han sido fundamentales para ti en tu oficio de escritor, de poeta? ¿Qué poemarios o autores te han marcado y de qué manera?
He tenido algunos maestros a los que siempre reconozco en mi formación. Leí todo Shakespeare a los 16 años, y si bien no entendía, como dicen, de la misa la mitad, es factible que sin esa experiencia no hubiera comprendido el alcance de la poesía, eso que escapa al mero escrutinio del conocimiento racionalizable.
     Tras años de verificar que mis libros eran muy diferentes entre sí, que había más de una voz en mi registro, leí a Fernando Pessoa, Álvaro de Campos, Bernardo Soares, Alberto Caeiro y Ricardo Reis, y me reconcilié con los otros de mi mismo. Aún aprendo de la diversa poesía escrita por ese mago lisboeta. Trilce fue una conmoción que me inoculó para siempre un ardor de hondura ósea, un campo abierto al verbo encarnado, desde entonces mantengo un inmenso aprecio por la poesía peruana. El sendero zen de Basho, y el folclore de los troveros de mi pago son dos formas distantes y distintas de una misma orientalidad que me nutre. La lista es larga y además no importa, como dijo del arte Antonio Machado, cuando en plena guerra civil se topó con otras urgencias que requerían del espíritu humano en primer término; ese gran Don Antonio, también Juan de Mairena y Abel Martín, a quienes hace años no visito; sepan disculpar, abuelos.
     Muchas veces vuelvo a Borges, como se vuelve al barrio de la infancia, en donde suena el tango arrabalero y una cierta filosofía del tiempo que no es sólo nostalgia sino sueño. El tiempo es eterno en la urna griega de John Keats, y efímero en los apenas 24 años de Lautréamont, dos siempre jóvenes y admirables. En otra entrevista podría nombrar a otros siete, y así sucesivamente. Esto de elegir preferencias no tiene caso ni fondo, así que sigamos: «guarda e pasa».

6. Además de poeta, eres crítico literario, catedrático de universidad y editor. ¿Cómo has hecho para amalgamar tu trabajo en estas áreas con la escritura de poesía?, pues, como bien sabemos, el oficio de escribir es bastante absorbente.
La poesía ha sido el centro irradiador. Todo lo otro han sido trabajos en derredor. Además, el pluriempleo es una de las tantas condenas a las que sobrevivimos en nuestros países dependientes. Igualmente, es sorprendente todo lo que una sola persona puede hacer. Mi madre trabajaba ocho horas, nos daba de comer, nos amaba, y cuidaba que mi padre no tirara el dinero entre las patas de los caballos. Ella me lleva harta ventaja en hacer varias cosas importantes a la vez, se lo aseguro. No quiero ser injusto con mi padre, que también fue un infatigable bioquímico; patentó más de cien medicamentos, lo único que le gustaba el escolaso, como dice el tango. Pero luego lo dejó. Además con él, que me llevaba 50 años, pude hablar de filosofía y ciencia como nunca más lo he podido hacer con nadie. El leía esas dos disciplinas con naturalidad, mientras que yo dejé la química porque la matemática me superó.
Penúltimo poemario de Bravo, Algo pasa por la voz (2008)
7. En relación a la crítica literaria Luis, en el Perú varios medios periodísticos han limitado al máximo su sección cultural, en algunos es casi inexistente, ¿cómo ves el panorama del periodismo cultural, en particular el relacionado a la literatura (a la poesía) en Sudamérica?
Es una de las causas por las cuales dejé por años de leer los periódicos. La otra es que fui periodista de prensa escrita y de radio por años, por lo que sé muy bien todo lo que no se dice y porqué. El periodismo cultural se disolvió en el aire del neoliberalismo de los años noventa. No veo que los protosocialismos del siglo XXI estén ocupados en cambiar ese rumbo, sino en controlar a la prensa para sus propios intereses. La cultura debe expresarse libremente, sin cortapisas, pero a su vez tiene que tener los espacios para hacerlo. Lo demás, ya sea la censura gubernamental o el libre mercado, es puro control social del poder de turno.

8. Durante la década pasada, en el 2000, en el Perú se dio un boom en cuanto a la aparición de editoriales independientes comúnmente dirigidas por jóvenes universitarios, lo que permitió que se dieran a conocer a varios poetas nóveles que empezaron a publicar en dicha época, muchas de esas editoriales ya no existen. ¿Sucedió algo similar en Uruguay? ¿Las editoriales uruguayas publican también a los nóveles, o van a lo seguro, a los consagrados?
Las experiencias editoriales alternativas se dieron en mi país en los años ochenta, como la del «grupo Uno», hasta mediados de los noventa. Luego vino la marejada mercantil. Recién hacia el 2005 otros jóvenes tomaron la posta y abrieron nuevas editoriales para airear el mercado. Pero el mercado ya había expulsado no a los poetas sino a la poesía al exilio.
    Hoy nuevamente tenemos algunas tozudas experiencias de editoriales que dan lugar a la poesía —Estuario, Yaugurú, La Cartonera, Ático, entre otras—, mientras las megaeditoriales internacionales inundan las vitrinas con basura impresa, convirtiendo a las librerías en hipermercados en los que, muchas veces, encontrar literatura es una ardua tarea.
1era Bienal Metropolitana de Poesía y
II Festival Internacional en Uruguay La poesía vale un Perú (2006),
festival en el que el Perú fue el país homenajeado
9. Luis, eres uno de los poetas invitados al Primer Festival Internacional de Poesía de Lima (FIPLima), el que será un evento inédito por sus características en nuestro país. Habiendo asistido a numerosos recitales y festivales de este tipo, ¿qué expectativas tienes en relación al festival? ¿Qué opinas de la inserción del Perú, y por ahora de su capital Lima, al circuito internacional de festivales de poesía?
Como te decía, tengo un enorme aprecio por la poesía peruana, la actual y la que hace a su tradición. De hecho, coorganicé en 2006 en mi país un segundo festival internacional (el primero lo hicimos en 1993) que tuvo como centro esa tradición y que se tituló, justamente, La poesía vale un Perú.
El poeta Luis Bravo recitando "Hipogrifo" en el
Festival Internacional de Poesía de Medellín - Colombia en el año 2009.
Se puede apreciar en: http://www.youtube.com/revistaprometeo#p/u/2/l84_CxeOTC8
     Pienso que Perú le haría justicia a su propia poesía si, en efecto, lograra insertar a Lima, y a otras ciudades de su rico territorio cultural, en el circuito de los festivales internacionales de poesía. Ahora, con sólo mirar la lista de invitados a este primer festival en Lima, te puedo decir que, de lograrse, estaremos ante un evento poético de primera magnitud, como hace mucho no acontece. Será toda una celebración de la lengua poética. Ojalá que las autoridades culturales de tu país valoren el rico patrimonio que se gesta en una reunión de poesía como la que se está programando para el próximo mes de abril de 2012.
 
 
10. Para concluir, ¿te encuentras próximo a publicar un nuevo poemario, quizá estés terminando algún nuevo proyecto literario del que nos puedas hablar en primicia?
Me encuentro próximo a presentar en el marco del Festival de Poesía de Lima un libro que me llevó años de investigación y reflexión sobre la poesía de mi país. Se titula Voz y palabra: historia transversal de la poesía uruguaya 1950-1973. Difundirlo, en una conferencia o en futuros seminarios universitarios, es mi proyecto más cercano y al que pienso dedicar varios meses de este año.
     Será un honor para mí, que la primera presentación de ese libro se produzca en Lima, incluso antes que en mi propio país. Aparte de eso, preparo dos antologías de poesía uruguaya, una para Chile y otra para México, a ver si este año salen ambas, que además cubren distintos períodos.
     A la vez, preparo dos libros más con poemas que he venido escribiendo durante años, a ver si logro sacarlos de ese laberinto de infinitas versiones en el que es posible termine perdiéndose la semilla del poema mismo.
 
 
 
 
Biodata
Luis Bravo. Montevideo - Uruguay, 1957. Ha publicado en poesía: Horizonte mudo (1980), Puesto encima el corazón en llamas (1984), Lluvia (1988), Gabardina a la sombra del laúd (1989), Árbol Veloz (1998), Liquen (2003), Tarja (2004), Algo pasa por la voz (2008), Tamudando (2010). En ensayo: Nómades y prófugos/Entrevistas literarias (2002), Escrituras visionarias / literaturas iberoamericanas (2007), Obra Junta, antología anotada del poeta Ibero Gutiérrez (2008), Los papeles de Juan Morgan / Narrativa completa de Julio Inverso (2010), Voz y palabra: historia transversal de la poesía uruguaya: 1950-1973 (2012), entre otros.

lunes, 14 de mayo de 2012

Sólo para poetas: AUTO DE FE






   


Por:   Miguel Ángel Sanz Chung





Mi Dios es el Dios que ama y odia a sus hijos por igual. El Dios que reniega del fruto de su creación. El Dios de las preferencias por unos y las antipatías por otros. El Dios furioso que destruye ciudades con lágrimas de rabia o lluvia de fuego, el que castiga la curiosidad cambiando los músculos por bloques de sal, el que toma la vida de un hombre para arrebatarle familia, bienes y salud hasta hacerlo transformarlo en escoria de la escoria sólo para comprobar que el espíritu es capaz de sobrevivir al cuerpo. Mi Dios es el Dios que gusta de altares, templos y ritos; aquél que disfruta con canciones acompañadas de incienso, con alabanzas que repiten su nombre en inacabables letanías; aquél que sacia su sed con la sangre del cordero degollado, que calma su hambre con el pan ácimo nacido de las manos agotadas de sus mujeres. Mi Dios es el Dios de las prohibiciones, del temor, el Dios que siembra árboles para alimentar las culpas, para multiplicar el remordimiento allí donde nace el deseo. Mi Dios es el Dios de las estrategias, aquél que urde el gran plan secreto, el Dios que concibe a sus fieles como piezas de un enorme engranaje, que elige al pueblo vencedor antes del inicio de la batalla, que mueve las fichas sobre su mapa terrestre y es capaz de patear el tablero si se le antoja.

El Dios que camina como hombre no es mi Dios. El mismo Dios que abandona su oficio para intentar convencer a una multitud embrutecida. El Dios que consume sus energías declamando metáforas a los oídos analfabetos. Ese Dios de maneras perfectas, de gestos elevados, que es igual de sublime cuando multiplica el pan que cuando expulsa a un puñado de comerciantes a las puertas del templo, ése no es mi Dios. El Dios que vuelve a insuflar vida en un cuerpo muerto para obligarlo a caminar de nuevo entre la inmundicia y la envidia del resto. El Dios que carece de rabia para proteger sus mejillas de las vejaciones ajenas. El Dios que se deja agrietar la piel como un esclavo que ha desobedecido a su amo, que ensucia el suelo de sangre como cualquier animal en el matadero. El Dios que se retrata empalado en la cima de un monte acompañado por dos delincuentes. El Dios que nunca fue padre, sino tan solo hijo, y que como vástago recibió de su progenitor misiones a las que sólo se envía al soldado más despreciado del ejército. El Dios que muere, y que después de muerto abandona sus despojos en los brazos femeninos para elevar el sufrimiento materno hasta el paroxismo. Ese Dios no es mi Dios.

Mi Dios es el Dios que puedo emular con mis actos. A su imagen y semejanza he sido creado, con un puñado de barro y saliva, el mismo barro que ahora limpio de la suela de mis zapatos con este papel.