jueves, 2 de febrero de 2012

No es un pedido al Ministerio de Cultura, ese paraíso existe: El Golfo de los Poetas


Portovenere en El Golfo de los Poetas, Italia





Por: Mario Pera



 
Existen lugares que de por sí son mágicos, y no me refiero precisamente a Disneylandia, sino a aquellos pedazos de tierra que por algún extraño motivo nos cautivan desde que los vemos, así sea en una fotografía, y que de inmediato sabemos que es el lugar perfecto, ¿para qué?, para descansar y permanecer allí logrando una armonía interior de estilo budista-tibetano. Aquel lugar puede ser una isla paradisíaca, una urbe ultrasonora o un salar perdido bajo el cielo celeste, etc. el tema es que reúne una característica particular que lo hace único.
No obstante, existen otros parajes que se yerguen como producto de un sincretismo, y que combinan lo mejor de varios territorios y engloban en sí lo que podríamos calificar como un «pequeño Edén», pues amalgaman diversos elementos que hacen de los paraísos terrenales, casi lugares de peregrinaje.

Mapa de la región de Liguria en Italia

Cualquiera que haya tenido la oportunidad de visitar la región italiana de Liguria, me dará la razón en cuanto a que se trata de una zona privilegiada, con una geografía y paisajes espectaculares. Poder observar la perfecta unión del apacible mar ligur bañando suavemente la Riviera hasta alzarse en los Alpes y los Apeninos, es como otear un Edén perdido, avizorar un panorama de ensueño que podemos descubrir con una cálida brisa marina golpeando nuestros rostros y una embargante sensación de paz que, no me cabe duda, pone en jaque hasta al más citadino de los visitantes haciéndole notar que se encuentra en un territorio distinto, sui generis, casi casi el vergel bíblico torpemente arruinado por Adán.
No es extraño, entonces, que varios escritores y, en general, artistas o intelectuales se hayan asentado en esa tierra, Liguria y sus diferentes localidades para que, advirtiendo la calma perfecta, dieran inicio o continuación a la elaboración de sus principales y quizá más importantes obras.
Entre los varios autores que nacieron o vivieron por algún periodo de su vida en la Liguria italiana enamorándose de sus localidades se encuentran los poetas Gabriele D’Annunzio, Ezra Pound, Filippo Tommaso Marinetti, Lord Byron y Francesco Petrarca; los escritores Percy Shelley, Italo Calvino y D. H. Lawrence; el filósofo Friederich Nietzsche; el dramaturgo Luigi Pirandello (quien fue, además, director artístico del famoso Casino de San Remo, el más antiguo de Italia); el cineasta Mario Bava y el compositor de música clásica Giacomo Puccini, por solo citar a algunos de los más famosos.

Gabriele D'Annunzio, Luigi Pirandello y Lord Byron,
asiduos visitantes y residentes por temporadas en El Golfo de los Poetas

El puerto de Génova fue desde antaño una de las ciudades preferidas por artistas y escritores para residir o pasar allí alguna temporada, lejos del bullicio mundano o del estrés cada vez mayor de las urbes superpobladas. Ejemplos hay muchos tales como Herman Melville, quien visitó Génova en 1857 y para quien la vista que ofrecía el faro de ese puerto «hacía ver a Génova como la capital y el campamento fortificado de Satán». Ernest Hemingway pasó algún tiempo de la década de 1920 en Rapallo, en donde, además, ambientó su cuento El gato en la lluvia. William Faulkner llegó a Génova en 1925 y fue allí que tras una pelea de bar, producto de una borrachera, se salvó de la cárcel alojándose en la casa de Ezra Pound, su novela inacabada Elmer fue escrita mientras residía en Rapallo y en Génova. O Mark Twain, quien arribó a Génova en 1867, y a quien le encantaba visitar el Cementerio de Staglieno por la paz que este le ofrecía.
Un caso excepcional es el del narrador Italo Calvino, quien pasó su juventud en el puerto de San Remo del cual era originaria su familia paterna, puerto del que el propio Calvino expresó que influyó tanto en él, que en gran parte de su obra ofrece múltiples alusiones a esta ciudad costera algunas de estas destacan en la que quizá es su mejor novela, El Barón rampante.

El filósofo Friedrich Nietzsche y una placa que recuerda su residencia
en el puerto de Rapallo entre los años 1882-83

Así también, el filósofo Nietzsche pasó numerosos inviernos en las costas de Rapallo, lugar al que llegó a finales de 1882 para encontrar algo de comfort para su atosigante enfermedad mental. Más tarde, describió a Rapallo como una bahía pacífica y encantadora, en la que podía disfrutar de la cercanía al mar y de las colinas que circundan la ciudad. Un sitio muy apacible en el que el filósofo sintió como «Zaratustra llegó a su espíritu», y fue caminando por toda la bahía de Santa Margherita Ligure (ubicada a pocos kilómetros de Rapallo) que Zaratustra se sobrepuso en él para dar a conocer su mensaje, según narra el propio Nietzsche en Ecce Homo. Incluso, Nietzsche definió a otra localidad ligur que visitaba muy frecuentemente, Portofino, como un «pequeño universo de felicidad perdido», llegando a mencionar en cartas enviadas a amigos cercanos que su reino se extendía desde Portofino hasta Zoagli, viviendo él en medio (Rapallo) desde donde podía andar hasta los límites de «su reino». Su residencia se llamó Monte Allegro (‘Monte Alegre’) que según el filósofo era el nombre más apropiado para aquel lugar.
 
Foto Nº 1: ¿Planeando una futura publicación? Ford Madox Ford y Ezra Pound en Rapallo, c. 1908.
Foto Nº 2: La conversación se puso entretenida. Los poetas Ezra Pound y Allen Ginsberg en Rapallo, 1967.
Foto Nº 3: Es justo recordar a los vecinos ilustres. Placa en el puerto de Rapallo reordando el centenario del nacimiento de Pound y su residencia en Rapallo entre 1924-1945.

Ezra Pound también halló en la pequeña ciudad portuaria de Rapallo un excelente lugar que le ofrecía la posibilidad de dedicarse a su pasión: leer y escribir. Alguna vez Pound comentó que Italia era su lugar para iniciar las cosas. Incluso, cuando su padre (Homer Loomis Pound) se jubiló, este y su esposa (Isabel Weston) se trasladaron a aquel pequeño puerto donde fijaron su residencia en una pequeña villa con el único motivo de pasar tiempo cerca del joven Ezra, después de pasar más de una década sin verlo. Ezra Pound era visitado en Rapallo por numerosos escritores y artistas, hoy de gran renombre, tales como Ford Madox Ford, W. B. Yeats, James Joyce, Ernest Hemingway, William Faulkner, Oskar Kokoschka, Allen Ginsberg, Sem Benelli o James Laughlin. Pronto, la estadía de Pound en Rapallo se convirtió en algo así como en el necesario peregrinaje de los feligreses al «Vaticano» a entrevistarse y saludar al «Papa» de la Literatura, il miglior fabbro en palabras de Eliot.
D. H. Lawrence también dejaría constancia de su amplio gusto por esta región italiana, y en particular de la aldea medieval de Tellaro, la que visitó entre los años 1913-14 y de la que dijo alguna vez sentirse muy feliz por haber encontrado al fin un lugar así. En aquel lugar, Lawrence podía dar rienda suelta de manera pública a su amor por Frieda Von Richthofen, la que aún se encontraba casada para ese momento con el filólogo inglés Ernest Weekley.
El cineasta Mario Bava, natural de San Remo, hijo de uno de los más importantes cineastas italianos del cine mudo, Eugenio Bava, es otro de los célebres personajes ligados a los parajes de la costa ligur. Este cineasta inició su carrera en 1939, compartiendo dos cortos con el archiconocido Roberto Rossellini siendo su película más conocida La maschera del demonio (‘La máscara del demonio’) basada en el cuento Viy (‘El Viyi’) de Nikolai Gogol.
Entre las curiosidades infaustas puedo mencionar que fue en su casa de vacaciones en el puerto de San Remo en el que el distinguido Alfred Nobel falleció de un sorpresivo ataque cardiaco.
Lord Byron y Percy Shelley también disfrutaban de navegar cerca a las costas ligures en sus goletas «Bolívar» y «Don Juan» (rebautizada como «Ariel»[1]), respectivamente. Lord Byron vivió en Génova disfrutando de la compañía de la condesa Teresa Guiccioli en la llamada casa Saluzzo, un viejo palacete desde el que se podía observar por entera la bahía xeneize y en el que se reunía constantemente con Percy Shelley (quien residía en la cercana localidad de San Terenzo) y Leigh Hunt en un clima de absoluto sosiego. Tras la muerte de Shelley en 1822 a consecuencia del naufragio de su goleta en el Golfo de La Spezia, Lord Byron instalado en Génova quiso dedicarse a la política, pero como no le rindió mayores resultados un año después partió hacia Grecia donde moriría prontamente aquejado por la malaria.

El poeta y dramaturgo italiano Sem Benelli, 1909.
Quien puso el apelativo de El Golfo de los Poetas al Golfo de La Spezia.

El Golfo de La Spezia fue rebautizado luego con el apelativo de «El golfo de los poetas», un curioso sobrenombre impuesto por el anteriormente mencionado dramaturgo y poeta italiano, nativo de esa zona, Sem Benelli, quien explicaba el coloquial cambio del nombre basándose en la gran cantidad de artistas que habían visitado y/o residido en aquella zona o localidades vecinas, entre los que estuvieron, además, Dante Alighieri, Cesare Pavese, Marguerite Duras, Georg Sand (seudón. de Amandine Aurore Lucile Dupin) y todos los artistas y escritores referidos en los párrafos precedentes. Benelli dejó constancia de este apelativo en su ópera dramática La cena delle beffe (‘La cena de las diversiones‘).

Pequeño puerto de Vernazza situado en El Golfo de los Poetas en La Spezia, Italia

El llamado Golfo de los poetas, dedicado a su santo patrono San Venerio, es uno de los más antiguos lugares de concentración de creadores artísticos de los que se tenga constancia, más allá de algunos célebres manicomios, ya que su territorio rodeado por una cadena de colinas, cuya cima es el monte Parodi ofrece a los visitantes y residentes una zona paradisíaca, un oasis de paz y de tranquilidad para desarrollar su trabajo.
Si las grandes obras literarias, artísticas o intelectuales de aquellos autores se deben en parte al ambiente especial de estas localidades, es algo que es difícil responder. No obstante, no me cabe duda de que dadas sus características geográficas, a mi gusto tan magníficas, si la misma no resulta ser un disparador de la inspiración, al menos le permite a los visitantes unas vacaciones tan espectaculares que su solo recuerdo ya será una obra de arte para el viajero. Podría decir, citando a Blanca Varela, «ese puerto existe»; pero prefiero decir, por ajustarse más a la realidad, «ese paraíso existe», y se llama El Golfo de los Poetas. A partir de ahora, saben dónde encontrarlo.


[1] En la tradición marítima un uso refiere que un barco bautizado con un nombre no debe rebautizarse porque ello atrae la mala fortuna. Es entonces una extraña casualidad que de ambos barcos solo el de Shelley, el único que fue re-nombrado, años después fuera presa de un incendio y un naufragio, muriendo en el desastre tanto el capitán del barco como el propio Shelley.

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